A prueba de incendio
He aprendido a no temerle a las cenizas,
a entender que, cuando algo arde por dentro,
es porque hay vida
y que, lo que queda después,
es un terreno fértil
donde vuelven a nacer flores.
Ya no me asustan los finales,
ni las rupturas,
ni el eco de los adioses.
No me asusta abrirme en canal,
mostrarme sin armaduras
dejar que se vean las grietas
ni fingir que no me duele.
Sé que la piel se regenera
y el alma también.
Que la dignidad no se negocia,
ni la alegría,
ni la paz que se construye a pulso.
He caído, sí,
pero de pie se mira mejor el horizonte.
Hoy abrazo el incendio
como quien abraza su propio nombre,
y que cuando me lance otra vez a las llamas,
que sea el fuego
quien tenga que sobrevivirme…
Porque en cada brasa
llevaré mi ternura, mi fuerza
y la certeza de que,
aunque sea sobre cenizas
y con el viento en contra,
siempre volveré a florecer.

Paula Fernández-Ochoa