Antes de vernos
Lo nuestro todavía no tiene recuerdos,
pero empieza a tener historia.
Algunas personas entran así,
mucho antes de encontrarse,
cuando aún no te han rozado,
y ya van dejando algo en ti.
He ido asomándome a tus costumbres,
a algunos lugares donde eres feliz,
a las canciones que te acompañan
y a esas pequeñas cosas que solo aparecen
cuando empiezas a bajar la guardia.
Y quizá ahí está lo extraordinario:
todavía no sé cómo suena tu voz
y ya sé reconocer algunos de tus silencios.
No sé cómo será tenerte delante,
qué harán tus ojos con todo lo que ya sabemos
ni cuánto tardarán nuestros cuerpos
en alcanzar unas palabras
que llevan semanas de ventaja.
Pero empiezo a intuirte.
Y me gusta lo que voy encontrando.
Será que algunas historias
empiezan mucho antes
de que suceda la primera escena.
Voy dibujando un mapa que deseo,
con lugares que todavía no existen.
Y contigo me gusta el vértigo
de querer llegar sin saber adónde.
Tal vez por eso te envié la canción
Love Me at My Lowest,
como quien desliza una llave
por debajo de la puerta
sin explicar qué abre.
Con ganas de que la escuches,
la cantes, la toques.
Y de que quizá algún día,
con unas copas de vino
y las ganas de dejarnos llevar,
la hagamos nuestra.
¿Cuánto aguanta una mirada
cuando lleva demasiadas ganas acumuladas?
Quiero saber qué me provocará tu voz,
si tus manos hablan mejor que tus mensajes
y cuánto tardaremos en olvidar
la prudencia que tan bien guarda una pantalla.
Qué peligro tan bonito
empezar a desear la piel de alguien
que todavía sólo te ha acariciado por dentro.
Estamos a punto de encontrarnos,
con demasiadas palabras a la espalda
y todo lo demás por delante.
Entonces se acabará este poema.
Las palabras tendrán piel,
las ganas tendrán memoria
y "el antes", por fin,
habrá llegado a su mejor final:
el principio.
Paula Fernández-Ochoa.