MI PUNTO DE INFLEXIÓN: CORRER

Todo el mundo tiene un antes y un después, un punto de inflexión en su vida, un momento en el que da un golpe en la mesa y empieza desde cero; y en mi caso, fue cuando decidí empezar a correr.

Con 20 años la vida ya me había enseñado lo que era perder a mi padre y a mi familia; y a los 28 años ya tenía dos hijos y estaba separada; podría decirse que me puse el botón de fast track y lo hice todo muy rápido, tuve que madurar mucho durante la enfermedad de mi padre y eso me llevó a querer hacerlo todo antes de su debido tiempo. Me compré mi primer piso a los 20, me casé a los 23, tuve a mi hija a los 24, con 25 estaba ya divorciada, con 26 conocía a mi segunda pareja, con 27 nacía mi hijo, y a los 28 volvía a separarme. Hay varios años que borraría de mi vida, de los 29 a los 32 apenas fui un alma en pena. Pero a los 33 conocí a un chico que corría media maratón y maratón de montaña, ahí fue donde empecé a relacionarme con este mundo. La gente me había dicho, si corres ya verás como engancha, y yo me moría de ganas de salir a correr pero, como iba a hacerlo con una niña de 9 años y un niño de 5? De dónde iba a sacar tiempo? Pues no me quedaba otra, que sacar tiempo de mis horas de sueño. Y así empecé a madrugar, levantarme a las 5:45, salir a entrenar a las 6 y empezar mi rutina diaria a las 7 como siempre.

Mi primera carrera llegó al mes de empezar a correr, los 10km de mi querida ciudad Manresa. La terminé en 50 minutos, vi que se me daba bien y me apunté a la media maratón de Barcelona, que se corría justo dos meses después. La terminé en 1h50min, la gente estaba alucinada. Vi que se me daba bien, y empecé mi contacto con la montaña. Esto fue en marzo de 2016, el mismo mes que se celebraba la PunkTrail de Sallent (que yo no pude correr por estar con mis hijos) pero allí fue donde pude desvirtualizar a varios de mis conocidos de las redes sociales y donde conocí a mi querida Paula@vivircorriendo. El recuerdo que tengo de ese encuentro, fue verla llegar con esa inmensa sonrisa, disfrutando de esa carrera que todo el mundo decía que había sido tan dura, semi nocturna, y recuerdo que pensé “madre mía, que feliz está la gente, esto debe ser un bálsamo, esto tengo que probarlo”. Estuve hablando con Paula, y con todos los demás corredores y todos estaban corriendo para disfrutar NO para competir, además de tener un fin solidario como es el de recoger alimentos para el banco de alimentos de la población, en un ambiente de fiesta y risas, música, cerveza y diversión sin fin. Ahí fue donde definitivamente decidí meterme en la montaña.

Al mes hice mi primera carrera de montaña, nocturna, 27km +1400 la terminé en 3h 45 min y quedé tercera fémina. La noche se me daba bien, y pensé que quizá podría ir más allá, y meterme en alguna maratón de montaña para así ir aumentando la distancia y el desnivel, hasta llegar al sueño de correr una ultra de montaña. Durante varios meses, fui corriendo medias maratones, mejorando mis tiempos, hasta que me decidí a dar el gran paso: apuntarme a una ultra de 60km. Y la corrí en 11h, y sólo puedo decir que aunque llegué casi la última, fui inmensamente feliz.

Después llegó la Marató del Pirineu, y ahí viví una experiencia muy bonita, pues tomaron mi ejemplo de madre que entrena de madrugada para prepararse un maratón de montaña y vinieron a grabarme del programa MaratonMan. Por primera vez, sentía la necesidad de compartir con todo el mundo lo feliz que era en la montaña, el cambio de vida tanto físico como mental, el haber adoptado un hábito saludable... me dieron la oportunidad de compartir a través de la pantalla del televisor todo ese ENTUSIASMO. Me llegaron mensajes de toda España, amigos que me estaban viendo por la tv, felicitaciones mil, todos estaban de acuerdo en que yo era otra persona: Laureta, has evolucionado y lo has hecho tú sola, gracias a tu constancia y tu sacrificio.

Y así es como he hecho siempre las cosas, yo sola. Salgo a entrenar sola. A veces viene mi querido amigo Marcos, que el pobre coge su coche y madruga lo que no está escrito para venir a subir conmigo mi montañuco, echarnos unas risas, cantar el Fary o la Pantoja, y empezar el día con alegría. A veces también voy con mi amiga Georgina, y practicamos un poco el “radio patio” pero normalmente soy una loba solitaria. Voy a las carreras sola y llego a meta sola. Veo a los demás entrar con sus hijos de la mano y siento mucha envidia; en mi caso no ha podido ser porque las circunstancias son otras, pero confío en que algún día, podré entrar con ellos de la mano.

La semana pasada me puse a recapitular, y tengo más de 50 carreras de montaña a mis espaldas, en apenas año y medio desde que empecé a corretear como las cabrillas. He corrido por toda España, por mi querida Cantabria (tierruca que descubrí hace un año, que me tiene enamorada y a la que vuelvo casi todos los meses) por Asturias, Euskadi, Huesca, Albacete, Madrid, Andorra, Almería, Girona, Tarragona, Barcelona, y pronto estaré corriendo por Murcia. He corrido carreras de 10,20,30,40,50,60,70 y 80km de montaña, intenté la ultrapirineu en septiembre y pude llegar hasta el km 75 con un D+ de 5000m, pero aún así fui muy feliz de haberlo conseguido, después de todo el esfuerzo y dedicación. Me esperan muchos más lugares por correr, en Canarias ya tengo amigos que me están esperando, porque esto es lo que tiene este deporte, que nos UNE, crea un vínculo de amistad y compañerismo que nunca había conocido en ninguna otra disciplina.

Y cada vez que recuerdo todo lo que he recorrido, todos los madrugones, todo lo que he sufrido para llegar adonde estoy, me acuerdo de esa sonrisa contagiosa de mi querida Paula, ese espíritu de @vivircorRiendo, espíritu optimista y lleno de vitalidad; porque:

la vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta** ... UFF ! VAYA VIAJECITO !!**

Laura Montoya
@lauretamonde


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