Motor encendido, piel en llamas
No fue a fuego lento,
sino tras un primer encuentro
que arrancó la piel antes que la palabra
y encendió el motor sin aviso,
como si nos hubiera estado esperando.
Creo en lo que nace sin mapa,
en las curvas exigentes
que sorprenden y te retan,
en el deseo como gasolina
y en el riesgo como elección.
Cuando la atracción es imán,
los cuerpos se entrelazan,
cada roce es un pacto secreto
y cada escalofrío una forma de libertad.
Y en esa intensidad nos fuimos descubriendo,
en palabras que no atan,
en valores que se respetan sin pedirlo,
en pasiones que estallan como bengalas
y desnudan lo que de verdad somos.
El espejo nos delata: ahí estamos,
fundidos, empapados y desafiantes,
como si el reflejo quisiera guardar
la prueba de una escena prohibida.
No necesitamos correr,
aunque la velocidad nos pierda
y la adrenalina sea un vicio.
No hay prisa. Ni presión.
Solo ese rugido interior
que arde con cada caricia
y nos lanza siempre un poco más lejos.
Somos trayecto,
y en nuestras manos está ser también destino.
Y quizá sea porque se acerca el invierno,
pero quiero seguir descubriéndote
mientras comparto la montaña contigo.

Paula Fernández-Ochoa